Una de las ciudades más hermosas de Europa Central. Su casco antiguo es Patrimonio de la Humanidad, con la Plaza del Mercado más grande del continente, el Castillo de Wawel y un ambiente joven y vibrante.
Una visita conmovedora e imprescindible. Este antiguo campo de concentración nazi es un sitio de recuerdo y reflexión sobre uno de los capítulos más oscuros de la historia.
La capital polaca fue casi totalmente destruida en la Segunda Guerra Mundial, pero su reconstrucción es un símbolo de resiliencia. Su casco histórico, sus modernos museos y su vida urbana dinámica la convierten en una ciudad fascinante.
Cerca de Cracovia, esta mina centenaria es Patrimonio de la Humanidad. Esculturas, capillas y túneles tallados completamente en sal te sorprenderán bajo tierra.
Al sur del país, en la frontera con Eslovaquia, se encuentra esta joya de montaña. Senderismo, esquí, arquitectura típica de madera y cultura gorala en un entorno alpino espectacular.
El castillo de ladrillo más grande del mundo. Impresionante, tanto por su tamaño como por su historia medieval. Una visita perfecta para amantes de la arquitectura y la historia.
Una ciudad colorida, universitaria y alegre, con más de 300 pequeñas estatuas de gnomos escondidas por todas partes. Su Plaza del Mercado es una de las más bellas de Europa.
Ciudad portuaria sobre el Báltico, famosa por su arquitectura hanseática y por ser cuna del movimiento Solidaridad que ayudó a acabar con el comunismo en Europa del Este.
Estas iglesias, muchas Patrimonio de la Humanidad, combinan arte, historia y espiritualidad. Ejemplo de la arquitectura religiosa tradicional de las regiones de Małopolska y Podkarpacie.
Pierogi (empanadillas), bigos (estofado de col y carne), żurek (sopa ácida de centeno) y los famosos postres como el sernik (cheesecake polaco) hacen que cada comida sea una experiencia acogedora y deliciosa.